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Foto: Minerva Vitti/Armando Investiga

Epidemia de VIH-sida está acabando con los warao

– Una comunidad entera ya ha desaparecido.

Publicado: 2015-12-02

Servindi, 2 de diciembre, 2015.- Indígenas de la etnia warao del estado Delta Amacuro, en el noreste de Venezuela, perecen en gran número por causa de una epidemia de VIH-sida. Así lo revela un amplio reportaje elaborado por la periodista Minerva Vitti para el portal web Armando Investiga.

Para su reportaje, la periodista acompañó un misión médica que se adentró en la selva más recóndita de dicho estado. Lo hallado por los médicos a partir de la visita, que tuvo lugar en julio de este año, resultó más que alarmante.

En las 26 comunidades que se tomaron muestras a la población, en el Municipio Antonio Díaz, se encontró alta prevalencia en aquellas ubicadas en el radio del hospital de San Francisco de Guayo, en total 15 comunidades.

Las pruebas de VIH se aplicaron a 666 individuos warao, de entre 15 a 50 años de edad. Se halló así que del total citado, 48 presentaban el virus, es decir el 7 por ciento. El dato resulta perturbador si se toma en cuenta que dicha prevalencia resulta siendo mayor a la estimada tanto en Venezuela como en el resto del mundo.

Igualmente, se analizaron a miembros de otras 11 comunidades más alejadas, hallándose una prevalencia menor, aunque igual de inquietante. Estas comunidades se ubican en el radio del hospital de Nabasanuka.

Se analizaron muestras de un total de 361 nativos warao de los cuales resultaron positivos 6, 4 hombres y dos mujeres. En términos de prevalencia esto es el 1,69 por ciento.

El número es significativo ya que se trata de comunidades más alejadas y que habían estado aparentemente sin ningún caso hasta 2012, explica Vitti en el reportaje.

No se tratan de los primeros estudios

Según la información que expone la periodista, los primeros rastros de VIH-sida fueron hallados por la Cruz Roja venezolana en 2007, cuando se identificaron 15 casos en las comunidades de San Francisco de Guayo, Murako, Jobure, Isla Jobure, Murako, Ajimurina, Merejina, Kuamujo, La Mora y Guayaboroina.

Tiempo después, en 2013 se publicaron los resultados de un estudio hecho dos años antes por el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y el Instituto de Biomedicina de la Universidad Central de Venezuela, que confirmaron la existencia de 55 casos de VIH en indígenas de ocho comunidades analizadas.

Foto: Minerva Vitti – Verónica Mendoza/Armando Investiga

Estos resultados mostraron una alta prevalencia en la población: 15,6 por ciento en varones y 2,6 por ciento en mujeres, todos en edades comprendidas entre los 18 y 30 años.

Aquel año, los estudiosos concluyeron que se trataba de una epidemia de VIH que se duplicaría cada 10 meses, siendo Usidu la comunidad más afectada con 21,6 por ciento de seropositividad.

Otro estudio elaborado por el IVIC en 2012 comprobó que los warao estaban infectados por las cepas de VIH-1 subtipo B, el más común en Venezuela, pero también se encontró un caso particular, el de una mujer con VIH-1 subtipo C.

De otro lado, un reciente estudio del 2015 demostró que la nueva cepa que afecta a los warao es mucho más perjudicial ya que reduce en promedio de 10 a 5 años el tiempo en el cual se pueden presentar síntomas por causa del virus.

Ocultamiento de la realidad

Pese a las pruebas presentadas, explica el reportaje, las autoridades sanitarias del gobierno no han tomado las medidas necesarias para revertir lo que viene ocurriendo. Se habla incluso de una comunidad cercana a Jeukubaca, donde la gran parte de sus habitantes murió de sida y los que quedaron, principalmente mujeres, huyeron del lugar.

Algunos de los estudios antes citados fueron presentados a la viceministra de Salud Miriam Morales en 2012, y en el 2014 a la viceministra Claudia Morón, actual viceministra de Redes de Salud Colectiva, para que sean investigados y se formule algún plan de control y subsanación.

En ambas oportunidades las autoridades sanitarias “aseguraron que tomarían medidas, que una parte de la institución ya conocía el problema, y que debían planificar una investigación de campo”.

Para el 2015, los resultados llegaron a la Defensoría del Pueblo. Sin embargo, “solo se sabe que luego de esto viajaron a Tucupita, se reunieron con autoridades y realizaron talleres con líderes comunitarios (…). Desde ese entonces, sin embargo, nada ha cambiado”, menciona el reportaje.

Esta misma indiferencia, con un grado mayor de hostilidad, también fue percibida por la doctora Oriana Contreras, quien trabajó en el proyecto de la Cruz Roja que encontró casos de SIDA y sífilis en la población warao en 2007.

Según Contreras, luego de mostrar los resultados sanitarios, Luis Beltrán Gómez, titular de la Dirección Regional de Salud de Delta Amacuro y otras autoridades comenzaron a desacreditarla como profesional, diciendo que no debía haber informado sobre el caso.

Por su parte, Ernesto Romero, vicario de Tucupita, agregó que durante una visita de 40 días en una comunidad se enteró de la muerte de 12 personas.

“El Ministerio de Salud tiene prohibido decir que hay casos de VIH y los indígenas no llaman al VIH por su nombre, sino que le dicen tuberculosis, diarrea. Yo en todas las homilías me encargo de repetirlo”, declaró el religioso.

De otro lado, Luis Tocoyo, profesor en una escuela de Jobure comentó: “Yo tengo siete años aquí, he escuchado que tienen VIH y no he visto que han recibido tratamiento. Cada año mueren cuatro o cinco”.

Invitamos a leer el reportaje completo en el siguiente enlace (cabe precisar que se tratan de cuatro entregas):

Una epidemia de sida está diezmando a los warao, primera entrega de Minerva Vitti.


Escrito por

Servindi

Agencia de noticias especializada en temas indígenas y ambientales, con sede en Lima, Perú.


Publicado en

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